Niños que nacieron grandes en Siria

La guerra civil en Siria sigue enlutando al mundo y los más perjudicados son quienes no tienen nada que ver con el conflicto: los niños.

613

Un ataque aéreo en la provincia noroccidental siria de Idlib dejó como saldo muchas muertes y muchos heridos. El ataque habría sido perpetrado por los aviones de guerra del propio ejército sirio. En ese atentado, un niño con las piernas destrozadas hasta la rodilla, clamaba por su padre.

Abdul Bassit Al Satouf es el nombre del niño que quedó sin piernas por el estallido de una bomba. Las imágenes que circulan por internet son devastadoras, pero es solo una parte de la realidad que viven millones de niños sirios atrapados en un conflicto que no entienden y del cual desearían no ser parte.

En la actualidad,  7,6 millones de refugiados sirios son desplazados internos, es decir, han tenido que huir de sus ciudades pero siguen viviendo bajo el peligro latente de la guerra que no escucha súplicas ni entiende de piedad o paz.

Las cifras están ahí; son reales, son crudas, y cada vez son más altas. Son más de 4 millones de refugiados sirios que, escapando de la brutalidad de la guerra, ahora se encuentran en Turquía, Líbano, Jordán, Irán y Egipto.

Los intereses políticos y económicos de las potencias mundiales y de los países que intervienen en este conflicto parecen estar por encima de los sueños de millones de niños que hoy se encuentran atrapados en un país en escombros que no puede dormir por el ensordecedor sonido de las bombas a cada momento.

Los niños no entienden los problemas de los grandes

Inocencia y temor. Dolor y desesperanza. Más de 2 millones de niños refugiados procedentes de Siria se encuentran en países vecinos y más de la mitad de los refugiados, en su totalidad, son niños.

El Observatorio Sirio de los Derechos Humanos estima que más de 11 mil 500 niños han muerto producto de la barbarie de la guerra. No entienden el porqué. Solo quieren vivir.

El conflicto armado en Siria lleva poco más de 5 años y hasta hoy 1 de cada 2 sirios ha dejado su país… o ha muerto. Muchos de los niños que hoy luchan por sus vidas no conocen la paz y no saben lo que es vivir en un mundo sin guerra: nacieron en medio de la violencia.

Resulta difícil imaginar que muchas de las criaturas que hoy viven (o sobreviven) en la golpeada Siria podrían estar mutilados o muertos en algunos días, o en horas.

Ver los edificios caídos es entender que no existen infraestructuras adecuadas para que hombres, mujeres y niños puedan atenderse con seguridad. Un reporte de Unicef señala que una gran cantidad de infraestructuras destinadas a la educación, atención médica, sanitaria y demás necesidades fundamentales, están completamente destruidas.

Pobreza y más fantasmas

La crisis de la guerra civil desatada en el país sirio, no ha hecho más que azotar a la población, sumergiéndola en la pobreza y en el terror constante que significa no saber si amanecerán al día siguiente.

Hoy, cerca del 80% de la población civil siria se encuentra sometida por el enfrentamiento del régimen de Bashar Al Assad y los grupos rebeldes, además de estar en condición de pobreza. Los niños sirios no tienen dónde estudiar, y cómo hacerlo si 1 de cada 4 escuelas está destruida y muchas de las que soportan los bombardeos continuos sirven como refugio para los sobrevivientes.

En esa misma línea, se sabe que alrededor de 4 millones de niños y mujeres embarazadas necesitan atención médica y nutricional; atención que es poco probable que reciban cuando 1 de cada 2 médicos ha huido del país y 2 de cada 3 hospitales no funciona.

Los números son altos y amenazan con seguir subiendo. Cerrarle las puertas a los migrantes significa mantenerlos en el círculo del fuego expuestos a la ferocidad de una guerra que no quieren, no obstante, abrir esas puertas completamente pone en peligro a sus naciones ante la inminente llegada de terroristas. Una situación complicada para la Unión Europea.

Para Estados Unidos, la situación es igual de complicada, aunque la posición que mantienen sobre los migrantes es de rechaza, Donal Trump, su presidente, ataca y bombardea Siria en nombre de los niños sirios. No quiere que sigan muriendo, pero tampoco quiere acogerlos en su país.

Hospitales y escuelas son destruidas en el país sirio.